jueves, 15 de noviembre de 2007

Mike, ¿qué es Nova Swing?





Acaba de salir a la venta Nova Swing, la continuación de Luz, la magnífica novela de M. John Harrison. (crítica y especial en Cyberdark).

En mi caso esperada como agua de mayo, Harrison es, para mi gusto, uno de los maestros que tiene el género y Luz una Obra Maestra.

La semana pasada Luis G Prado mandó un texto publicado por Harrison que me parece genial y que muestra parte de su manera de escribir. Al mismo tiempo mandó un enlace al podcast de Harrison.

Ha sido un verdadero placer recordar la voz de Harrison (tuve el placer de hablar con él en Xatafi´03).




La gente me pregunta a menudo: Mike, ¿qué es eso que llaman Nova Swing? Me resulta difícil decirlo. Nova Swing es la abrupta transición de un estado a otro, ¿o quizá es como un baile? ¿Una especie de música de baile que no existe todavía? Es Space Noir, Jazz Jung, Tango Zen. Es la noticia de que el alma es un artefacto recombinante, con mil millones de inputs, que incesantemente cambia deforma y que, por tanto, es por definición un sistema dinámico o en desequilibrio que se toca a sí mismo en un saxofón por las calles de un planeta desconocido dentro de cuatrocientos años en el futuro de otra persona.

¿Qué puedo deciros sobre mí? Escribo ficción. Para mi eterna ansiedad, soy escritor profesional de ficción. Procuro que esto no me influya. Mis relatos llevan publicándose ya más de cuarenta años, y espero que sigan teniendo su propia voz, y no ninguna de las voces que el mercado pudiera exigir.

Vivo en Londres, Inglaterra, en el séptimo año de un nuevo milenio, a dos minutos andando de un río enorme y hermoso, y a veces bastante temible. Tengo sentimientos ambiguos hacia los ríos, especialmente los grandes. Pueden arastrarte con ellos. Vivo en un apartamento pequeño y peculiar con un jardincito muy inglés, en un suburbio tranquilo, peculiar y cubierto de hojarasca que gusta de referirse a sí mismo como "un pueblo" porque posee un estanque para patos. Todos los enclaves de Londres gustan de referirse a sí mismos como pueblos. Quizá el mío lo sea, pero de una forma muy diferente al pueblo donde crecí, en el Warwickshire rural, a comienzos de los cincuenta. Me moría de ganas de salir de allí. Leía continuamente ciencia-ficció

n. Quería el futuro. Específicamente, quería cohetes, cohetes de aspecto regordete y metálico, cohetes que se alzaran sobre sus tres aletas de cola, y se autopropulsaran hacia lo desconocido. Cuando vivía en el Warwickshire rural, en una familia de ingenieros, sabía que lo que más deseaba en este mundo era lo desconocido.

Al final lo conseguí, pero tuve que fabricarlo yo mismo. Las cosas se vuelven familiares muy fácilmente. Ésa es su tendencia natural. Las cosas quieren ser lo que siempre han sido. Hay que trabajar duramente para convertirlas en desconocidas. Me parece que este acto de forzar las cosas para alejarlas de su familiaridad es en lo que consiste esencialmente la escritura. Así que, sentado en mi pequeño enclave urbano, familiar y cubierto de hojarasca, que se considera a sí mismo un pueblo, intento forzar todo lo que conozco a alejarse de sí mismo y a acercarse a lo que considero su ser "real", que es algo tan extraño que sólo puede describirse como "erróneo". Soy consciente de que esto me convierte en algo menos parecido a un escritor tradicional de ciencia-ficción y más parecido a un gótico. Bueno, pues que me fusilen. Creo en el proyecto de la ciencia, pero no creo que el universo pueda ser conocido.

Otras cosas que deberíais saber de mí. Tengo sesenta y un años y no voy a disculparme por ello. Solía escalar montañas, porque sentía que la escritura me mantenía demasiado lejos de la verdad física del mundo. Detesto la realidad virtual; adoro el whiskey de malta irlandés. Escucho cualquier tipo de música, desde el tango al bebop, pasando por la electrónica; pero hace poco he redescubierto mi pasión por la música folk inglesa. La música folk, junto con una grotesca combinación de pulp, literatura y ficción religiosa, me dieron vida hasta los veintitantos años. Entonces me alisté como soldado raso en la Nueva Ola de la ciencia-ficción británica, centrada en torno a Michael Moorcock y la revista New Worlds, y la música folk se volvió ideológicamente incompatible. Hoy en día puedo permitirme ir a más actuaciones que a mediados de los sesenta. Observo a los viejos del escenario, de la misma edad que yo, músicos que escuché por primera vez en fiestas nocturas en sótanos del centro de Londres, y me siento fantásticamente orgulloso y entusiasmado. Siento que hemos conseguido llegar a ser algo. Observo al público, y la mitad tiene veintitantos años, y escuchan algo que es lo mismo, pero ya no es lo mismo, que lo que yo escuchaba en Greek Street a las tres de la madrugada de 1966.

Siento que todos estamos volviendo a empezar, conservando las tradiciones mediante el acto de forzarlas, de alejarlas de lo familiar. He conseguido mi planeta desconocido de música y monstruos y ciudades esquizofrénicas. Al final he conseguido mi cohete regordete con sus tres aletas, pero tuve que construirlo yo mismo, y ya no es tan ingenuo ni tan brillante. Ha crecido, como lo ha hecho el mundo. Se abre la puerta, y han pasado años. Se abre la puerta, y huele a nuevo. Eso es lo que llaman Nova Swing. Es un momento de reconocimiento.

Texto en inglés y podcast: http://uzwi.wordpress.com/podcast-text/
Traducción: Luis G. Prado

3 comentarios:

Farseer dijo...

Vaya, no he leído Luz porque su argumento no me llama especialmente, pero si el tío escribe como en esta presentación voy a tener que acabar leyéndola.

Daniel Gonzalo dijo...

Je, je, Luz es impresionante. Para mi gusto lo mejor que le ha pasado a la ciencia ficción en los últimos años. Y está todavía mejor escrita que este texto...

Farseer dijo...

Cuando me sienta con ánimos tengo que probar. He leído comentarios entusiastas como el tuyo, pero también muchos de gente que no ha podido con este libro...